Magia descarnada de Catysse

Magia descarnada

Magia descarnada

Rápido,
así es como quería sorber la vida en cada agujero en la cabeza.

Magia descarnada,
colmena de mil tentáculos,
odio en celo,
boca de comienzos y color rugido.

En el tejido de la tarde las hojas se arremolinan bajo las uñas,
la desesperanza florece y apenas duele.

El segundero arde a destiempo,
el futuro arrugado en el bolsillo.

Y en la orilla, el lobo escampa bajo mis pies.

Caos

Caos

Y nos encontramos bajo el sonido de una misma voz,
con restos de tinta y notas entre los dedos,
y algunas palabras bailando al filo de una mentira.

Una puerta abre el horizonte
disfrazado de piernas aladas.
Un río de murmullos se agita en las entrañas,
y los días y las noches
tienen un nuevo ímpetu

Toda una vida
danza
frente a los ojos.

Caos.

Espaldas erizadas
arañándose
entre los pliegues de la noche
y las horas avanzan mordaces
como viento frío.

Las miradas se ahogan en deseo rojo y saliva,
piel vibrante, pechos erguidos,
erecciones embravecidas,
parpadeos furtivos,
olas de lenguas
disfrutando el paladar.

Con manos temblorosas dibujando un mapa
en la curva del vientre,
susurros de lluvia blanca y lechosa
buscando el fin del viaje.
Con sonrisas mordidas
y ojos llenos de ambición
una boca se agita encendida.

Y un vaivén de mareas, ondula los cuerpos
el tiempo se detiene en cada embestida,
se estremece en el arco de la espalda;
sembrando en la piel
una maraña de promesas
y de abrazos
llenos de lunas.

El mundo se repliega en cuatro esquinas
una voz se desnuda entre gemidos de guitarra,
páginas de otoño y vientos agitando las alas.

Aquí, donde todo y nada existe.

Perseidas

Perseidas

Ceñida ya la tarde, a tus manos a tus ojos.
El tiempo es una suerte de cuervos,
un graznido anidando en cualquier rincón.

Detrás de cada hoja hay un salto de vacío.
Al caer abre un mundo que no corresponde a ningún vuelo de pájaro,
mariposa o polilla.

Discreta cumple el pacto entre la rama y la tierra.
Flotan hasta el último peldaño.

Así tú.

El segundo va desafiándome de a poco,
transpira y respira entre tu piel y la mía.
Profana nuestro espacio, nuestra cama.
No importa, mientras nos descifre en silencio, quieto.
Y el viento idealiza tu aroma hasta hacerlo girar entre mis piernas.

La noche encharcada.
Agosto tiene vaho en su interior.
Duermes, lates.

Perseidas.

Así el mundo.
Lo que no sabes, es que también sé ovillarme en ti.

Domesticados

Domesticados

Cuando el retorno pierde la cordura,
dando paso a un dulce desencanto.
Cuando todo parece que ya no es.
Y sin embargo permanece, indeleble.

Tal vez el final del puente, sólo sea
una mirada llena de asombro, caer
con los brazos extendidos y traicionar a los dedos
aferrándose a la cumbre.

Cuando el silencio es un aullido, una pieza suelta,
un animal que gime, un cuervo graznando tu nombre
girar y darle la espalda al espejo,
para encontrarte más perdido,
para que el árbol muerda tus raíces.

Quizá transmutar en un animal carroñero,
es parte de ilusionarnos, y domesticar un poco el amor.

La tragedia de la gota

La tragedia de la gota

El cielo amanecía como todos los días, siempre a la misma hora y vestido de índigos; azules mustios, y naranjas resplandecientes. Todos los días, pero éste no. Hoy se veía en claroscuros tintes marinos, nubes desgajadas y trozos de azul distraído. Y abajo el tiempo permanecía dormido, excepto para una gota que tiembla en su letargo. Aquella gota, como atontada, una gota de agua como pocas; brillante y azul, iba rodando sobre la hoja verde y coruscante, color vida con orillas doradas; yo desde aquí puedo verle las venas. Hilitos amarillo y ocres latiendo, palpitando con el torrente sanguíneo lleno de savia. Y la gota va rodando y no.
Llega a la punta de la hoja y se arriesga a la caída. Cayendo es inmensa en su fragilidad, escucho el silbido del viento y a la gota tratando de no despedazarse con el aire, y se abraza, se prepara para el golpe, se hace bolita y por fin llega al triste suelo. La tierra es fértil, café y húmeda, huele a algas, petricor y verdes; huele a verdes en todos sus tonos.
Y lluvia, huele a lluvia.