Cauces y caminos

Cauces y caminos

De vez en cuando la vida parece cambiar de sabor,
uno que aguarda paciente bajo la lengua,
con tintes de metal, y lágrima oxidada.

Y el tiempo renace y se alarga,
con bocas ahogadas y manos temblorosas.
Ojos melancolía, aferrados al borde de nosotros
cayéndose a momentos.

Paisajes cambiantes y piedras tropezando,
la vida se ríe de si misma,
no sabe que estamos aquí.

Cauces y caminos convergen en una misma canción,
fotografías disfrazando cada abismo
y palabras cenizas bañando el horizonte.

Y a lo lejos.

Un mar de futuro y nosotros
un mar de gemidos y tú
un mar de noches y miedos
naufragios y poemas,
distancias acortándose,
y amor respirándonos.

Desde algún punto del cielo,
los finales comienzan en tus manos.

Sonata

Sonata

Sé de un árbol que se deshojaba de silencios
y de las madrugadas
sosteniendo un idilio de recuerdos.

También del viento que aúlla tocando la ventana,
sé de las mañanas
cuando el sol despierta a los pájaros y también a los demonios que
transitan en la calle.
Y de una bestia, que ríe, gime tan índigo como el cielo
tan azul como mis ganas.

Sé de la piedra que pretende cruzar el espejo
sé de miradas que juegan a ser abismos,
y de voces calladas; que se escuchan pero nadie entiende.

Y de la sombra que me acompaña besando el horizonte,
sé de miradas que aún no conozco.
Y de un canto de agua que me regala la lluvia
que adorna cualquier cielo de febrero.

Sé de las nubes que se diluyen cayendo la tarde.
Sé de la mano que toca la mejilla de la luna,
y de su luz; una luz tan mortecina
como etérea.

Sé de un sonido que ladra en mi cabeza;
y de las notas que bailan solas frente a mis ojos
con la respiración entrecortada y que suben desnudándose,
frotándose entre ellas
y de un sabor que moja la piel.

Sé de ojos que deslumbran afilados
y de lenguas lamiendo estas palabras
de salivas
goteando tu nombre.

Sé de un deseo que recorre el cuerpo como perro rabioso;
y de un vaivén
que adorna cada ola del sendero.

Sé de un quizás; quizás tocando detrás de mi puerta.

Despídete

Despídete

Y de pronto se encontraban caminando,
abrazando las hojas que caían sobre los pies;
en ellas se agitaban las heridas de días pasados.
Y es que el dolor era casa de todos los días,
en ellos habitaban las palabras que laceraban con el filo de las lenguas,
mordían las horas de tiempos caídos.
En espera de que volvieran sobre los pasos, aquellos días de color naranja.
Y es que la espera siseaba al viento.
Llovían los quizás y el horizonte bordeaba las sombras angustiado de que la noche naciera con las miradas huecas de vida.

Así vivían doliendo.

Y la espera terminaba sí, después de todo llegaba el final.
El viento lamía las heridas, y cantaba lluvia sembrando las miradas;
lágrimas le llaman algunos.

El dolor se alejaba caminando,
llevaba a cuestas el peso de los siempres que alguna vez pronunciaron.

Aviéntame.

Noche

Noche

Imaginé una noche que se abre paso entre
las sombras, cada color va pintándose de un
dolor distinto.

Tiene la mirada plasmada en el espejo;
de su boca nacen cicatrices de gritos
ahogados.

Gritos de sed.

Con los dedos traza ceniza sobre la piel
ausente, con los ojos cerrados inventa
palabras nuevas.

Tiene la mirada inquieta, y en cada mirada
parpadea sueños y canta lluvia.

A veces escucho sus murmullos,
creo que no lo sabe.

Hay un río bordeando mis cauces
y una esquina doblando mis ganas.

Tiene días de distancia diluida,
y un aroma sembrándole de instantes.

Aquí, estás sucediendo.

Con el tiempo sudando nostalgia
y un camino mordiendo la espera
y una página a media luz.

Aquí, la noche está respirándote completa.

Al sur

Al sur

Una tarde desbordándose
entre mis manos,
una mirada habitando
dentro de la mía.

Una boca que me canta
cuando estoy dormida
unas manos que me tocan,
me inventan
a distancias que no reconozco.

Una palabra que se escribe
al sur,
al sur de mi cuerpo
al sur de mis ganas.

Un horizonte que se pinta
de cielo de Marzo,
y noches regándose
de azul mar profundo.

Es ahí donde te espero.

Y entonces te pude ver,
y entonces te pude inventar.

Moldearte con mis manos,
hacer de ti, un exquisito
capricho mío.

Así.

Dibujarte
como escultura con pies de
arena, que se desmorone en mi
piel
y una boca que me muerda las palabras.

Sabes, a todo lo que
quiero,
sabes a palabra
húmeda, que se escribe
mojándome de sed.

Me sabes a lluvia, mi cielo.