Aroma azul

Aroma azul

Unos ojos que se abren infinitos
en ellos habitan mil demonios,
carcomen, muerden, corroen.

Aún así me invento
al desbordarme en esos ojos
y mirarte con la sonrisa cambiante,
palideciendo de a poco.

Sabiéndose necesidad y agonía.

Con la boca mustia murmurando deseos gastados
y la lengua siseando, probando el aroma.

Aroma azul, muy tuyo.

Eres la ciudad de calles abiertas,
un espejo de miradas ausentes
una caricia dormida,
un bolsillo lleno de ansias.

Un temblor que me conoce.

Y es que habría de ser la noche
que se cierne sobre ti,
y es que ella te abraza sin que puedas evitarlo,
te llena de oscuridad.

Es tenerte.

Aquí, el silencio está ladrando

Aquí, el silencio está ladrando

Descubrí que el tiempo no sabe sembrarse, crece y hace daño,
y a veces una hora muere marchita entre los dedos
como si no hubiera mañana.
Y mañana; veremos al mundo del color de otra mentira.

Hoy sé que el papel está lleno de heridas,
y muerden, también sabemos que no estás.

No vendrás, es que nunca estuviste,
porque aquí los ojos tienen un color que no es el tuyo,
un color que no reconozco,
y las bocas murmuran, creo que son susurros cargados de viento;
aire que no dice nada, también llamado silencio sordo.
Y el silencio aturde, tanto que puede alcanzarte.

Aquí, el silencio está ladrando.

Y la noche está cayendo sobre mí,
y un espejo me saluda y ríe, tiene la mueca torcida.

Descubrí que el abismo es uno mismo, late, arde y duele,
tiene vida propia, hay millones de mí quebrados en la tierra.

Descubrí que le duelo al dolor,
descubrí una mirada lapidando mis ganas; creo que es la mía.

Y la gravedad crece, estamos cayendo.

Estallamos.

Pase, hoy tenemos el sabor del miedo en los labios.

Ya no hay retorno

Ya no hay retorno

Ya no hay retorno

Todo comenzó al tropezar con esos ojos.
Y el tiempo se detuvo, las ganas van lamiéndole las manos y los murmullos
nacen en sonidos sordos, a veces creo que son colores disfrazados de voz y viento.

Y la voz tiene un extraño color; color que emerge desde las entrañas,
llenando el espacio de un azul futuro.

Es ahí cuando abre la boca, y una bocanada de notas abrazan la piel;
ésta piel tan suya que se humedece con solo su aliento,
y las miradas se abren infinitas,
las pupilas se dilatan y entonces puedo ver toda la noche gestándose en ellas,
y el deseo se estremece en suaves movimientos y las sombras chocan contra mi cuerpo.

Una mano sujeta el espejo que tiembla entre mis dedos,
la espera está mordiéndome la espalda; el aire es denso y la palabra descansa sobre un papel.

El tiempo transpira, la noche es nuestra. Y los ojos cobran vida.

Y la distancia se hace estrecha, el tiempo se dibuja dormido,
las manecillas se pierden.

Se materializan los sueños, es ahí cuando el sur encuentra su camino,
sabe que las miradas nacen detrás del espejo.
Sabe que esa mirada es la suya.

Esa mirada que dice todo y nada.

Ya no hay retorno.

Para no morir

Para no morir

Habría que hablar de él como el filo del precipicio; el borde o el abismo.
Y de las miradas intensas llenas de luz y noche; una que se esconde bajo la falda,
repta entre murmullos y se convierte en abrazo,
en caricia retorcida,
en volcán lleno de sangre,
en sudor perlando la frente.

Habría que hablar de la distancia bebiéndonos lento,
del corazón que de lleno se derrama entre las piernas,
del golpe de agua que erosiona el cuerpo, el pecho y la palabra,
de la ciudad que parece llenarse con su presencia,
de la voz que está en movimiento y permanece líquida,
de la lágrima que nadie escucha, y del mar que baila en la memoria,
y de las horas, tantas que se amontonan en la arena;
arena que se cuela entre los huesos y muerde,
y lacera vibrante con la piel llena de heridas.

También habría que hablar de la cicatriz que respira entre cada llaga,
de la fractura llena de vacíos,
del espejismo que no va a ningún lado;
tan fugaz como hilos de sed pintando el paisaje.

Habría que hablar de las lenguas bífidas probando el aroma lleno de siempres.
Y de horizontes; habría que hablar de horizontes.
Y hablar de los quizás que serpentean poblando las cejas.
De la mano que sujeta mi vida.
De la angustia que se esconde en la garganta,
y del sueño;
el sueño que vive en mí.

Eduardo

Eduardo

Abrazamos al mundo caminando la misma distancia,
con un horizonte lleno de paisajes de sonido azul
y una mirada llena de instantes,
tantos que ya no caben.

Me estoy escuchando en tu voz
y un ardor quema la garganta.

Un sonido que cabalga pronunciando tu nombre.

Y unos dedos juegan con el tiempo;
ése tiempo nacido en Febrero.

Una locura llena de eternidades abre la boca,
y puedo ver cuánta pasión choca en mi cuerpo.

Esa boca con tormentas y ganas,
esa boca sembrándose en mi vida;
vida que nació cuando comenzamos
a escribirnos.
Y nos hicimos incendio
ardiendo en la misma hoja.

Y el mundo cae colgado de tus ojos
los abismos cobran vida rugiendo,
palpitando toda la vida que eres tú.

Un pequeño nudo lapida mi garganta,
y una mano se aferra sujetando tu cabello.

Y un amor; con los ojos llenos de lluvia,
parece que sonríe.