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Lluvias

Lluvias

Llover personas desde el suelo
hacia las nubes,
y hacer de la lluvia
una hermosa guerra vertical.

También la lluvia
te besa cuando,
te dejas mojar por ella.

Entonces quiero ser lluvia
y empaparte hasta que
tu ropa caiga cansada.

Y que tu piel de lluvia
me empape todos mis sentidos.

Con agua cálida para
hacerte temblar…
y no de frío.

Con agua cálida
de besos ardientes que
humedezcan tu piel.

Que mi cuerpo sea una nube
y ser tu vestido de agua,
que mi cuerpo sean tus gotas
y tus nubes mis besos.

Y al rozarse nuestros cuerpos,
ser tormenta,
ser el mundo, ser inmensos.

Y al rozarse nuestros cuerpos,
ser agua,
ser viento, ser eternos.

 

Escrito con la colaboración de @eduardomagomi

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Un amor para Nereida

Un amor para Nereida

Y el duende se acurrucó entre los arbustos, escondido como siempre entre el río y el árbol. Esperaba… Nadie sabía lo que esperaba… esperaba a que llegara Nereida, aquella hada que una vez llegó del mar, y que se enamoró de la tierra, quedándose a vivir en el bosque. Aquella hada que encantó su mirada en el lago. Esperaba, simplemente esperaba. Soñando que soñaba, se dormía. No quería que descubriera no a él, sino lo que él sentía por ella. No quería envenenar la magia… ausentarla… o perderla… Dormía esperando que el lago le devolviera su reflejo, pues la sombra que ella veía, no era suya sino la de él, aquel duende que la veía, en las sombras de los árboles sobre su espalda  y que de vez en vez se escondía entre los matorrales para que no lo descubriera.
Él tenía miedo de quemarla con el amor que brotaba de sus ojos de fuego, temía que la delicada piel blanca de Nereida lo tocara  y quedara hechizado bajo la dulce magia de su amor, temía que ella le robara el corazón, porque él ya había sufrido mucho. Es verdad, había sufrido mucho. Por eso prefería soñarla antes que mirarla a los ojos. Por miedo a hacerle daño alguna vez el uno al otro. Miedo a que ella sufriera por él… miedo a sufrir por ella…
Pues él la comenzaba a amar y a proteger de todo mal… incluso de él.
El duende no sabía por qué Nereida llegó al bosque, ella vino del mar escapando de la traición, y ella soñaba y estaba enamorada del amor, y estaba dispuesta a encontrarlo, aunque nunca le hubiera visto la cara o escuchado la voz, o mirarlo a los ojos, pero ella sabía que cuando lo viera, se enamoraría, y le reconocería de inmediato.
El duende volvió a agachar su mirada. En sus labios se leía: “Nereida” y mordía el beso que le adeudaba. Dormía de amor sin ella, moriría alguna vez. El duende callaba su amor por ella, entre la lista de ruidos del bosque buscaba el sonido de sus alas… la esperaba en su silencio del alba
Nunca entendió la ilusión que trajo a sus días Nereida… Nunca entendió el amor del que todos hablaban.

Con el peso de traiciones y desengaños sobre su espalda, nunca quiso ser el ogro que habitaba la montaña. Vivía en la oscuridad, en sombras. Y fue entonces. Cuando decidió levantarse. Reincorporarse, abrir los matorrales y salir a buscarla… Ella lo merecía… Él se abriría paso hacia ella, nada podía detenerlo, tenía que encontrarla entre los rayos de luz que dejaban escapar los árboles.

La brillante luz del alba despierta a Nereida llevando un vestido blanco con piedras preciosas, ella lleva pétalos de rosas, se abre paso entre los juncos para llegar al lago y buscar ese rostro encantado, al que lanza sus pétalos y le pide que llegue pronto, ella se inclina sobre el lago, y roza con sus labios el manto de agua cristalina, que apenas se mueve con su aliento, imaginando que le besa a él, imagina que le roza los labios, y que le susurra palabras de amor, esperando verle sus brillantes ojos donde se juntan los cuentos.

Ella le vio salir de los matorrales y supo enseguida que aquel reflejo no era un sueño, era lo que ella esperaba pero tuvo miedo, y en el último instante huyó, temía que su corazón saliera destrozado, otra pena más no la soportaría. Nereida ansiaba el amor, pero también temía sufrir nuevamente por él. Ya era demasiado. Ella quería detenerse, pero sus piernas no obedecían, ella era Nereida hada del agua y al agua debía regresar para protegerse.

Él se detuvo… quería abrazarla, besarla, con el amor que guardaba y que nadie conoció jamás… Pero al verla correr se quedó mudo. Al verla huir sintió dentro cómo se le rompía el alma.

Ahogó los Te Amo que le guardaba, al mismo tiempo que cayeron las flores bajo su espalda (que había cortado esa mañana)… él la amaba… Retrocedió dos pasos… ella ya no estaba… Retrocedió su vida… Dio la vuelta para ocultar sus lágrimas.

Mientras el duende regresó al bosque entre miradas compasivas y murmullos de vientos y ramas. él la lloraba por dentro, aunque a veces, se desprendían gotas de agua, agua de Nereida, desde sus ojos que por sus mejillas caían como diamantes dejando un sendero en el bosque, y esas gotas se volvieron un trazo de cristales de colores que Nereida vio desde el lago, sabía que esas lágrimas eran por ella.

Nereida nunca se sintió tan cobarde como esa mañana, y se sumergió en el agua, sabía que ahí el duende no podría encontrarla y esperó… y lloró, y el agua se volvió más azul y cristalina, porque las lágrimas de Nereida parecían encantar todo lo que tocaba, todo se volvió brillante, y todos los seres del bosque sabían del gran amor de Nereida, porque lo sentían al rozar el agua, que estaba encantada de amor.

El volvió a su lugar, caía la noche, se volvió a acurrucar entre los matorrales. Sonrió por ella, por haberla visto, por haberla tenido cerca, sonrió entre los cristales, entre los diamantes que comenzaban a cubrirlo, sabía que sería su última noche… Comenzó a llover, el cielo lloraba aquel amor inundado de sueños. Hacía frío… tiritaba… moría de amor… y sonreía… Ella sería feliz bajo el agua, en otros brazos, en otras historias… Tan lejos y distante de él… Pero él moría de amor por ella. Se cubrió de cristales, de sus propias tristezas, de sus penas…

Pero Nereida tenía la magia del amor, y salió del agua para llegar a él y cubrirlo con su cuerpo, ella ahora corría, a su encuentro, corría desesperada para salvarlo del frío, y Nereida lloraba, tenía que llegar a él, de pronto le vio, acurrucado entre los matorrales, ahí estaba él temblando,.. él la miro y ese instante mágico se hizo eterno, los segundos se detuvieron,…. y ….
él la reconoció casi inconsciente, mientras ella lo abrazaba, él puso su moribunda cabeza sobre su pecho,  la abrazó con el alma y en su último suspiro… le dijo que la amaba.
Ella le abrazó y le besó hasta el alma, Nereida lloraba y sus lágrimas caían sobre su frente, resbalaban hacia sus labios, donde las lágrimas de Nereida se depositaron mágicas, haciéndole estremecer, el había probado el Amor de Nereida, en las gotas de amor cristalino que ella derramaba por él.
Ya era tarde, el cielo lloraba se desataron relámpagos y truenos, el bosque callaba. Fue el momento que calla el bosque… lo que sucedió a continuación… Volaron mil hadas del agua para acudir al llanto de Nereida, se levantaron mil duendes de entre matorrales, juncos y árboles, para llegar a dar consuelo a Nereida que lloraba, y abrazaba al duende lo sostenía con tanto amor, entre sus brazos.
Nereida, sufría de amor por él, ella se acurrucó junto a él y lentamente cerro sus ojos, hasta que el brillo se les apagó,.. Nereida Moría. Ella moría de amor con él y por él … y juntos así, escribieron esta historia de amor. Tanto amor no merecía muerte ni olvido…
Cuentan que entre los matorrales del bosque, hay escondido una huella de diamantes hacia un rincón de cristales llenos de amor, cuentan que si los encuentras, puedes morir de amor. Dicen que allí descansan, las almas que crearon esta historia…
Y yo creo en ellas.

 

Cuento escrito con la colaboración de @porsimeolvidas

Una noche de luna

Una noche de luna

No camines secretos
tuyos más allá de mi piel.

Abandóname mil
veces en distancias,
pero no me dejes en versos.

No inventes sueños
escondidos debajo de la piel
tómalos y déjalos que florezcan orgullosos,
bajo un haz de radiante luz tornasol.

No impidas sueños
que me acerquen a tu frente,
ni permitas sueños que te alejen.

Vuelve a caminar la huella
que escribió tu mirada de un día

No olvides palabras sin sonido,
letras sin leer,
ésas que se quedaron atrapadas
en algún abismo,
donde escondiste también tu ser.

Ni agaches tu cabeza
frente al miedo o la desesperanza.

Pues tu frente cuenta con mi beso para levantarla
tus dedos con mi mano
y tu olvido cuenta… con mi: … Te amo.

Búscame escondida entre tu pelo,
en la suave caricia de la brisa
en la delicada caída del agua que,
te recorre lentamente
en pequeñas gotas de sudor,
que laten desesperadamente
queriendo llegar a tu corazón,
en una piel vibrante,
bajo la luz de la luna,
que brilla tenue… quieta… sigilosa,
temerosa
de que los amantes la descubran escondida,
detrás de aquella nube
donde habitan duendes y fantasmas,
que extasiados cantan
y celebran la llegada de
un nuevo encuentro entre dos almas gemelas.

Y entre tanto sentimiento quiero,
o mas bién deseo,
ser el sueño que esconde tu reino.

En éste reino de palabras
donde habita una pequeña hada azul.

Esa pequeña hada
que inunda el alma
de matices y colores esperanza.

Que acaricia el aire de un bosque expectante,
sentado en segunda fila,
viéndola feliz.

De trazos multicolores
con nubes de hilos plateados,
que brinca y ríe entre pétalos y flores,
donde las hadas puedan disfrutar
la presencia del tiempo
entre la magia que exótica llueve estrellas fugaces,
pronunciando tu nombre.

…Y esas estrellas curiosas,
me susurran al oído sonrientes y coquetas
¿ Cómo te llamas ?
y gritan y ríen alborozadas.

Las mismas estrellas
con las que dibujo tu nombre en el cielo,
dos minutos antes de dormir
el sueño que nos debemos.

 

Escrito con la colaboración de @porsimeolvidas